He mirado el mundo, la tierra, los pueblos, sus ciudades, sus calles, sus casas, sus vidas, sus trabajos, sus dolores, sus carencias, sus angustias. Aunque todos decimos que sí, nos aferramos a la vida; ésta, la vida, “sin Dios y más allá,” no merece la pena al 80 % de las gentes, y ni, muchos días y horas, al otro 20 por ciento.
Dónde se esconde Dios cuando el ser humano sufre, porqué crea un universo con catástrofes
en su misma naturaleza, terremotos, volcanes, huracanes, aludes, y tantos otros eventos que destruyen al hombre, obra predilecta de su Creación. Porqué acepta la maldad, el odio enconado, la barbarie de la mutilación, la tortura, el sarcasmo, la esclavitud, de unos contra otros, cuando no la prepotencia, la avaricia, la pobreza, la miseria, la muerte por hambre o dolor, la dureza de corazón, el abandono de El mismo, cuando no el odio o persecución de todo lo que huela a divinidad o trascendencia.
Pero sin Dios, sin un Dios trascendente, el Universo y el Cosmos no creados, eternos? y el origen del mundo y de la vida humana, carecen TOTALMENTE de sentido, no solo en la explicación de su existencia, sino en el sentido de sus esencias, de su pasado, de su devenir, de su futuro y su fin, de porqué y para qué.
La vida se convierte en su sarcasmo, en una mala pasada, en una incongruencia incongruente, en un sin sentido ni explicación alguna. Como decía el ateo la “vida es una mala pasada que Dios nos hace,” casi un sarcasmo, una mueca, una mala jugada que nos juega.
Dios es el Ser más necesario para el Universo o Cosmos. Con EL se transforman en Creación, es Creación.
Sin EL en Caos, en Azar innecesario, en sombra de su propia existencia, en absurdo incongruente, en existencia inexplicable, insostenible, in-causable, sin causa, en duda razonable de la propia inexistencia, en existencia innecesaria e incausada, casi intolerable.
Con El, para el hombre, el respeto al otro, se convierte en ética y moral, con fundamento en la esencia del ser humano, "imagen y semejanza de Dios", la caridad, en amor al semejante, la bondad, en aspiración insondable del propio ser.
Sin El, el hombre se convierte el lobo para el hombre, la ética carece de fundamento, al no tener un fundamento trascendente, el amor, lo más en justicia, do ut des, cuando no en explotación del otro si redunda en mi propio provecho o placer. ¿Qué me puede hacer solidario, justo o amable, si mis actos terminan en sí mismo, y no tienen más premios que mi propia satisfacción, y el regusto personal de sentirme bien? Pero ¿por qué me iba a producir más placer el bien que la maldad, la misericordia que el ensañamiento, la donación que la explotación?
¿Qué sentido podría tener el sacrificio voluntario por el otro, sea pareja, hijos, familiares o amigos, si es en detrimento de mi propia felicidad único fin de mi existencia, y sustentadora de ésta mientras me compense? Aborto, eutanasia, suicidio, se convierten en límites de una existencia placentera o no, mi yo en centro de todo centro, y centro del universo, y mis días en días de paso absoluto hacia una meta sin sentido, retrasada solo por el miedo a pasar a la inexistencia, al no-ser, a la nada más completa de donde no se sabe porqué hemos salido hacia la existencia.
La libertad ya no tiene límites y la felicidad es llenar el presente a tope, con la máxima seguridad de que no haya cambio.
Pero como la muerte inexorable, es el cambio que aceptado o no vendrás, se convierte en el máximo enemigo de la felicidad, y en la mayor amiga de la infelicidad.
No, casi no entiendo la vida y la creación con Dios. Pero sin El, carece completamente de explicación posible.
DNI 00145415D
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