De sensibus.
Sobre los sentidos.
Placer, dolor. Alegría, tristeza. Bienestar, malestar. Normalidad, sufrimiento. Beneficio, maleficio. Agitación, Tranquilidad. Angustia. Calma. Agitación. Pena, gozo.
Son los sentidos los caminos inexorables de comunicación del exterior con nuestro yo.
Nihil est in intelecto, quid non prius in sensibus. Nada llega a nuestra inteligencia que antes no haya pasado por algún sentido. Los sentidos son las puertas del cuerpo para
que “lo sentido” llegue al alma humana.
Ya los antiguos habían definido los sentidos como cinco: ver, oír, oler, gustar y tocar. Vista, oído, olfato, gusto, y tacto.
LA VISTA.
La vista para ver. Se ven también los gestos.
EL OIDO.
El oído para oír: sonidos y ruidos. Sonidos armoniosos, agradables, a tono e intensidad, producen placer auditivo. Este placer no es localizable sino en el celebro., junto con el sonido. Sin embargo cuando el sonido es desagradable, por ser ruido, sonido no armonioso, de subidos decibelios, fuera de tono, desafinado, desarmonizado, y es en un grado alto puede producir dolor en el oído. Por ejemplo un sonido estridente y fuertísimo, intensísimo.
Se oyen también las palabras y en este sentido la fona humana, es decir el poder hacer sonidos, ruidos, sonido musical, palabras, etcétera, podríamos decir que es el oído activo, así como el oír es el oído pasivo.
EL OLFATO.
El olfato, para oler.
EL GUSTO.
El gusto para saborear. Sobriedad y parquedad.
EL TACTO.
El tacto para sentir.
El tacto puede ser pasivo, soy tocado, y activo, toco yo.
La vista, el olfato y el gusto siempre son pasivo, receptores.
Todos los sentidos además de recibir “una señal de comunicación” del exterior, un mensaje, que se comunica al celebro humano y allí se percibe como recibido, es decir son sensible, se sienten, en un ser que esta sensitivamente receptivo, producen una sensación, que le acompaña: entra en nuestra sensibilidad con una acompañamiento de placer o dolor, en sus distintos grados y matices como veremos.
Todo ello es parte de la naturaleza humana creada por Dios primiginiamente, desde sus orígenes, lo que algunos llaman hoy la bendición original, que no es más que el estado natural del hombre tras la creación y antes de lo que se llama “la caída”
Es decir la naturaleza humana en su plenitud y rectitud en su estado original.
Después del “pecado original” la naturaleza llamada “naturaleza caída” adquiere o mejor dicho pierde una serie de “normalidades” naturales de equilibrio que todos sentimos en nuestro propio yo.
Y esto sin entrar para nada en el plano sobrenatural de la gracia, o filiación divina.
Antes de seguir quisiera aclarar que el estado natural del hombre creado, es el de criatura. Una criatura más, muy especial pero solo criatura al fin dentro de la creación de Dios.
El hombre es criatura de Dios en estado natural, No hijo de Dios que es un estado sobrevenido y sobrenatural. Y el hombre que no acepta o cree el ser hijo de Dios, debe aceptar y someterse a ser criatura de Dios, y no se puede revelar contra esta limitación que no es ni mucho menos negativa, sino simplemente limitativa a su propia naturaleza.
Pero el desequilibrio post-original es tan grande que aún los científicos sin fe lo sienten como desorganizador, desestabilizador a veces hasta virulento.
Así Racionero (ABC primera página) para explicarlo dice que todas las especies evolucionaron y evolucionan “normalmente” Pero el hombre tiene un salto evolutivo incompleto y erróneo y no evoluciona hacia una naturaleza equilibrada y tranquila, en orden, sino hacia una naturaleza desequilibrada y en desorden. Las tendencias innatas al bien y al mal. San Pablo lo define claramente. Veo el bien que quiero y hago el mal que no quiero. Tan fuerte ve este desequilibrio en su libro El Hombre en busca de sentido” que dice que hay hombre naturalmente buenos y naturalmente malos. Cosa que no es naturalmente cierta. El hombre es un claroscuro de ambas inclinaciones o tendencias con un libre albedrío que le lleva a una u otra en mayor o menor grado.
EL PLACER.
Volvamos al placer
¿Tuvieron Adán y Eva, antes de la manzana en sus actos, solo placer o también tuvieron como natural, el dolor, como defensa de la naturaleza ante la agresión exterior?
La mayoría cree que el equilibrio del hombre creado era tan perfecto y acorde con la naturaleza que no existía agresión exterior dentro del paraíso, y que no había por tanto que defenderse de nada
EL DOLOR.
El dolor es necesario. Es el guardián de la salud, su centinela. En cuanto hay una agresión externa o interna, tras haber de algún modo traspasado las puertas del cuerpo, se enciende la luz de alarma y aparece el dolor, tanto más fuerte cuanto más sensible sea el lugar agredido o con más intensidad. A algún sentido, se le puede pasar el agresor, por ejemplo al gusto, al comer, y ya dentro de casa producir el ataque, la agresión, la infección, en el estómago, con un fuerte dolor de barriga. Empacho, alimento en mal estado, aunque suelen advertir el olor y el gusto juntos.
LICITUD o ILICITUD del PLACER de cada sentido.
Su juicio moral.
De algún sentido es difícil y hasta muy difícil saber cuando traspasamos el umbral
de lo lícito.
Todos los sentidos producen “sensaciones” (“lo sentido”) y todas las sensaciones despiertan placer o dolor.
SEGUNDA VERSION. Refundir.
El placer corporal.
Quien no ama el placer no ama a su Creador.
Quine busca el placer por el placer, tampoco.
Es quizás el placer, el placer corporal, sobretodo el del tacto y la sexualidad el que más cuesta encajar al hombre en el contexto de “su” creación, de su presencia en el hombre, ser creado.
Se pierde su significado, se sacraliza, se diviniza, y se coloca como becerro de oro para la adoración.
Se tiende a el como fin de la vida buscándolo como primacía en el deseo o la apetencia, o al menos del momento que se está viviendo en el placer, buscando su continuidad y su intensidad desesperadamente y al precio que sea.
Todo acto sensible positivo o negativo, ya sea hacia fuera o hacia dentro, que lo realicemos o que lo recibamos, cuando el cuerpo está sano y no hay agresión externa o interna, suele producir placer.
Cuando hay agresión interna, enfermedad o infección, suele producir dolor, y cuando la agresión es externa el sistema nervioso avisa de ella y pasa parte de dolor. Golpes, pinchazos, escachamiento, ataque infeccioso, luz destellante, sonido fuera del umbral auditivo, sabor repugnante excesivo en amargo, fuerte, agrio, dulzón, olor nauseabundo, etcétera… producen dolor.
Luz excesiva, es decir todo lo que superen los umbrales normales en que cada sentido se desarrolla o trabaja.
El dolor es también un vigilante o avisador de la agresión. Si no existiera dolor podríamos hasta morir “sin darnos cuenta”.
Pero el placer no es un fin en si mismo porque el hombre no ha sido creado para el placer sino ha sido creado con una lícita capacidad de placer, de recibir y dar placer en los momentos adecuados, producido en la licitud del acto que le produce placer, acto que si era el fin o intención del hombre al obrar.
Si se admite que el hombre ha sido creado para amar solo el amor justifica el placer como acompañante gozoso y generoso, ni necesario ni obligatorio, de él. (del amor)
Es como el caramelo, el premio del acto cumplido y bien realizado por amor.
Podríamos admitir o discutir si el hombre tiene un fin múltiple o polivalente, como sería unas veces el amor, otras el placer, otras la felicidad, otras fecundidad o permanencia y propagación de la especie, otras su misma supervivencia o conservación de la vida, otras el egoísmo, el dinero, el poder, llenar las apetencias, ( el “me apetece” tan cacareado como fin de la acción)
LA VISTA
¿Hay placer en el ver?
Depende de lo visto.
Luz fuerte…. Dolor
En principio la vista, que al final reside en el cerebro que es el que ve, es inocuo y neutra en cuanto al placer.
Solo si el celebro se recrea en lo visto se produce placer o el gozo y si se crea repugnancia a lo visto se produce dolor, y a veces al haber pasado tan al campo intelectivo, pena y rechazo.
Un paisaje, un cuadro hermoso, un desnudo atractivo solo produce placer cuando llega al intelecto y se reconoce lo visto. No se produce éste, el placer, como en el tacto en los terminales sensibles, las células nerviosas, sino en el mismo intelecto, y por tanto es más bien gozo que placer.
Solo cuando el intelecto manda una señal a un terminal nervioso, como puede ser por levantar un deseo sexual la imagen vista, se producirá en este terminal final un placer como eco de lo visto.
EL OLFATO:
El gusto, el buen yantar, los apetitos delicados.
El exceso en el comer: gula. Se contrapone parquedad.
El exceso en el beber: y embriaguez. Se contrapone sobriedad.
ASCETICA DEL PLACER
“El placer de vivir sin pena, vale la pena de vivir sin placer.”
Quién no ama el placer no ama a Dios, su Creador.
Quién abusa o transgrede sus límites “justos” (para el que fue creado) tampoco.”
Carlos Portillo Scharfhausen
DNI 00145415D
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