Por eso hemos de hablar de la creación de “el hombre”, no de la creación de Adán y posteriormente de la creación de Eva. Como una sola creación, concatenada en el tiempo.
Y su fin esencial es hacer al hombre a “su Imagen y semejanza”, es decir permitirle, al HOMBRE, vivir como El la vida Trinitaria y participar de su esencia divina, el Amor. “Deus Charitas est.
Creo que la primera vez que se nombra al hombre en La Sagrada Escritura es para afirmar: “Hagamos al hombre a mi Imagen y Semejaza”. (Gen 1.26-27) Al Hombre, a Adán y Eva, como género humano, como especie humana. No a Adán solo ni siquiera primero.
Y si Dios es Amor y “necesita” ser Uno y Trino, (véase mi estudio “La necesidad de Dios de ser uno y trino” en “Teología de un Seglar para andar por Casa”) como la misma esencia del amor “necesita” y objeto de ese amor, (En Dios El mismo, consustancial a si mismo y de la misma naturaleza que el Padre, es decir el Hijo, Segunda Persona de la Trinidad Divina) el HOMBRE creado, Adán, “necesita” un ser de su misma naturaleza, con sus mismas capacidades y su misma dignidad, con su misma esencia como ser, para que sea el objeto de su amor y para que ese amor sea recíproco y se devuelva en el mismo acto de amor, Eva, que “necesita” a Adán para cerrar el círculo perfecto del Amor. No son dos amores, uno de ida y otro de vuelta, sino un mismo acto de amor mutuo y perfecto, como en Dios Padre y Dios Hijo. Y así como en Dios, Uno y Trino, ese acto de Amor es tan perfecto que consustancialmente y de su misma naturaleza, es el Espíritu Santo, Tercera y Divina Persona de la Trinidad, así como una consecuencia de ese amor se engendra el hijo de los hombres, de Adán y Eva, imagen y semejanza de todo hombre y de toda mujer. El nuevo ser, el hijo, de su misma especie y semejante a ellos totalmente, en naturaleza y dignidad desde el mismo y primer instante de su concepción.
“Y creó Dios el hombre (no al hombre) a imagen suya. A imagen de El los creó; macho y hembra los creó.”
Macho y hembra los creó en un solo acto de su Voluntad infinita y libérrima, de su Voluntad creadora y de su amor difusivo.
Sólo después, cuando ya le ha creado, al hombre, (Adán y Eva) a su Imagen y semejanza, para vivir el Amor, la misma vida Trinitaria, Dios los bendice.
Y los bendijo Dios y les dijo: (Mandato posterior a la esencia misma de la naturaleza humana, el amor semejante y participado de Dios) “Sed fecundo y multiplicaos y llenad la tierra y sometedla” (Gen 1, 28)
Podríamos colegir que la PROCREACIÓN, el mandato de la Procreación, y sin contradecir la visión histórica y doctrinal de la Iglesia a través de su existencia, teología y creencias, es más que “el fin primario” de la pareja humana y del matrimonio, una consecuencia de su misma vida participativa en el amor de Dios,
Y que todo hijo viene concebido, engendrado y parido, como consecuencia del Amor Trinitario vivido en la pareja humana. Por eso es sagrado desde el primer instante de su concepción.
Y cuando el acto carnal y unitario no produce por la misma naturaleza de la creación la procreación, sí ha producido por sí mismo, si la pareja lo vive en el amor de Dios y de su semejanza, un acto de amor, con la misma perfección que la calidad de la entrega y donación que haya en los dos miembros de la pareja, y por eso es lícito, conveniente y hasta obligatorio, con la misma obligatoriedad de vivir en la pareja “el mismo amor Trinitario de Dios” y con su misma y participada perfección, de acercamiento a la perfección del mismo Amor de Dios.
Cuando Dios nos conmina o nos pide que seamos fecundos como pareja nos pide en primer lugar que seamos fecundos en el amor, es decir, que nuestro amor participado en el suyo, sea fecundo en el amor. Y si esa fecundidad es creadora en una tercera persona, como fruto del amor y encarnación viva de él, “el Hijo se hizo carne y habitó entre nosotros”, la unión o comunión carnal se hace doblemente fecunda en el vivir el amor y engendrar un nuevo ser para el amor.
Multiplicaos. Después de ser fecundos en el amor. Consecuencia de ese mismo amor participado en Dios.
Así en mi modo de ver no tiene ningún sentido el acto carnal fuera del círculo del amor, del contexto del amor. Porque no es fecundo, ni en el amor de Dios, participado, ni en la fecundidad y paternidad e Dios, participada.
“Por eso deja el hombre a su padre y a su madre, y se une a su mujer, y se hacen una solo carne” (Gen 2. 24)
“Por eso” porque Dios viendo que estaba sólo, (“No es bueno que el hombre esté sólo” no puede vivir así el amor humano ni el amor divino) “voy a hacerle una ayuda adecuada” a su propia naturaleza, a su propia esencia como “hombre” a su propia necesidad de amar y ser amado a “mi Imagen y Semejanza” a mi amor Trinitario en él) y cuando el hombre vio la Obra de Yahvéh, la mujer, su ayuda adecuada pudo exclamar: “esta sí que es hueso de mis hueso y carne de mi carne” totalmente semejante a mí, con mis mismas “necesidades” de amor, con mi misma semejanza a Dios, como ayuda “mutua” adecuada para que vivamos en plenitud la plenitud participada de Dios, en la medida de ser perfectos como nuestro Padre celestial es perfecto.
Pero no quiero terminar mi pequeña reflexión, mi especulación quizás bordeando por dentro o por fuera el contorno de la verdad, pero totalmente dentro en mi mente y aceptación de los límites de la fe de mi Iglesia, “esta es mi Iglesia” (Iesu dixit) y de la comunión con mis Pastores, Tu eres Pedro, si hacer una llamad a la última consecuencia del mandato divino que crea la familia, la sociedad y la convivencia. “Llenad la tierra y sometedla”
La Tierra en todos sus elementos, vivos e inertes.
“Llenad” El mandato de multiplicaos ¿se termina el día que la tierra este henchida y llena?
“Sometedla” El sometimiento progresivo de la tierra ¿es el progreso de la civilización formando unas culturas humanas sometidas y acordes con La misma naturaleza de la creación, al pez como pez, a los animales como animales, a las aves como las aves, a los ganados como ganados, y por fin al hombre como hombre?
¿No es acaso el haber nombrado, ponerles nombres, la manifestación externa de su dominio y de haberla sometido a la razón humana, pues fuera de la misma naturaleza del hombre, es decir fuera de la razón y lo razonable, no es un dominio y sometimiento sino un abuso, mal uso, y esclavitud no respetando la propia naturaleza creada de las cosas?
¿Dónde está el límite de ese dominio para que sea acorde con el plan y la voluntad de Dios?
¿Cuáles son los límites permitidos de la ley natural?
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