viernes, 19 de agosto de 2011

VIERNES SANTO

Hoy te escribo esta carta a Ti centro de mi vida, de mi vida cristiana y diocesana. Siento dolor, Señor, al verte, desnudo de todo y crucificado sobre el madero. Siento dolor en cada rincón de mi cuerpo y en cada hueco de mi alma.

Crucificado, Tú, Creador de la vida, en los miles de muertos de las guerras, de todas las guerras. Croatas, Bosnios, Musulmanes o Servios que se matan unos a otros y que por más que leo los periódicos no entiendo por qué. No entiendo las guerras, ni siquiera aquellas que justamente se amparan en rechazar, cómo se dice Señor, la "injusta agresión exterior". Crucificado en cada tiro a bocajarro en la nuca o en el pecho, de cara o por la espalda, en cada bomba adosada en los bajo de un coche, crucificado en la silla eléctrica o ante un pelotón. Crucificado tu Señor, en unos niños y su maestra asesinados por una mente perturbada, desquiciada y enferma, quizás porque nunca encontró nadie que le escuchase y se quemó en su soledad, como en tanto aborto o eutanasia. Crucificado en esos niños famélicos y esqueléticos, como sus padres y hermanos, que producen escalofríos cuando nos llegan sus imágenes por la TV o la Prensa. Crucificado, dolorido y azotado en "los enganchados", drogadictos, alcohólicos y enfermos del SIDA menos culpables tal vez que los que juegan "a probar", a justificar las drogas blandas o a "esnifar" por snobismo. En los ancianos desvalidos y solos, que no tienen unos hijos que los mimen ni unos nietos que les cojan una mano y se la acaricien.

Enfermos, heridos, deficientes, retrasados, locos, hambrientos, abandonados, secuestrados y sus familias secuestradas en dolor, temor y ausencia, encarcelados en sus casas por el miedo al vandalismo, sometidos, en esa esclavitud del consumismo, el juego, el sexo, el empleo, las estructuras, la sociedad, la política, las sectas, y a veces hasta las religiones o credos. Crucificado en todo dolor, en toda soledad, en toda tristeza y en toda muerte.

Todos ellos, mis hermanos, crucificados en tu cuerpo, en tu Cuerpo, Señor, que yo comulgo. He callado y no he gritado ¡basta!.No he movido una mano, no han dado un paso mis pies. Este vida que tu me has dado gratis para amar a mis hermanos, la he justificado tantas veces con "el descanso necesario", "las vacaciones justas" en el monte, la nieve o el Sur, "el lujo conveniente" , el "tiempo para mi cultura", "mi calle asfaltada" (mi ciudad no es su ciudad), "mi coche", "mis radios", "mi casa confortable", "mis diversiones necesarias", "mis", "mis", "mis". Cuán fácil me ha sido justificar tu crucifixión, la de todos los días en todos mis hermanos, en "los Gobiernos deben hacer", "los ricos deben dar", "la Sociedad debe promover", "los partidos deben solucionar", "las empresas deben pactar", "los sindicatos deben reivindicar", "los trabajadores deberían comportarse", "los pobres no deberían estar en las calles y molestar".... Por eso, Señor, a todos ellos, en este Viernes Santo de cada día de mi vida, quién les ha crucificado en tu cuerpo, en tu dolor y en tu muerte, he sido yo.

Carlos Portillo Scharfhausen

DNI 00145415D

cartisen@hotmail.com

http://organigramageneral.blogspot.com

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