Et Verbum caro Factum est.
Fue María la que al aceptar el Verbum tuum, tu palabra o el Verbo, permite instantánea y simultáneamente, sin solución de continuidad encarnarse al Verbo. Y ”el Verbo se hizo carne”
Pero en la encarnación del Verbo hay ciertamente características distintas, sustancialmente distintas a las de cualquier otro ser humano, cualquier otro hombre.
No hay espermatozoide humano desencadenante, causa y efecto de la encarnación. Hoy sabemos por la ciencia que persona o no, con derechos de persona o no, desde la fecundación de un óvulo por un espermatozoide y en el mismo instante el cigoto que se hará feto es ya un ser vivo de naturaleza humana y distinto a la madre.
En el caso de María Jesús es Persona Divina con su doble y sustancial naturaleza desde el mismo instante del Fiat, y por tanto desde el mismo instante de su Encarnación.
Y si bien podemos presumir o colegir que el cigoto y el feto se fueron desarrollando como cualquier otro feto humano, por esa concatenación de división, multiplicación y diversificación de células humanas, través de las órdenes genéticas de sus propios genes y células madres, tenemos sin ninguna duda que afirmar que la Persona que resultaría o resulta en los supuestos de los demás hombres, en Jesús es simultánea y cotemporal , sin solución de continuidad, al Fiat y a la fecundación del óvulo que hace posible la Encarnación.
Cristo desde el primer segundo o microsegundo de la encarnación es YA Persona Divina. Segunda de la Trinidad asumiendo en plenitud la naturaleza humana y divina.
Persona completa, total, con plenitud de Persona y como Persona Divina con plenitud de todas sus potencias y facultades humanas.
Cristo tiene plena inteligencia humana, plena voluntad humana, plena memoria y sensibilidad humana, plenitud humana al asumir su Persona Divina la naturaleza humana.
Cristo piensa, quiere, ama y acepta desde el mismo instante del Fiat toda su naturaleza humana en plenitud y total desarrollo.
Su primer pensamiento humano, cotemporal al Fiat, (seguro de aceptación a la Voluntad y amor del Padre) su primer acto volitivo humano, (“vengo a hacer Tu Voluntad”), su primer sentimiento humano, (¿no sería seguro un acto de amor filial compartido entre Dios, Su Padre, y una sencilla mujer, María, su Madre?) y todos sus actos primeros y simultáneos de su Persona Divina y originarios desde el mismo instante del Fiat.
Y como Persona Divina cualquiera de sus actos (potencia en ejercicio o de sus facultades humanas) tiene como actuación un valor infinito a ser actos de su Persona Divina, Infinita e inconmensurable.
Es este en fundamento único de nuestra Redención, de nuestro rescate, del Dios “se desciende y se rebaja” como dice Pablo, “hasta el hombre” para permitir al hombre elevarse hasta Dios, y aún más allá de la bendición primera del Paraíso.
Por la creación somos criaturas amadas por su Creador, salidas de sus Manos y amadas por ser su obra “perfecta”.
Por la encarnación y la redención somos y llegamos a ser “hijos en efecto”, hijos de Dios e hijos amados por Dios Padre, grado de acercamiento gratuito a Dios que habría que ver si Adán y Eva lo tenían antes del pecado, hijos de Dios en previsión de los méritos de Cristo, o si eran criaturas por Dios sin naturaleza de hijos adoptivos esperando la mayor plenitud de los tiempos que sería la encarnación, plenitud que fue producida por el Espíritu Santo pero permitida, por encadenación de la Voluntad Divina al Fiat de María.
Dios condiciona toda la salvación al consentimiento de una virgen, chiquilla quizás de quince o dieciséis años.
Y quién puede negar que si esto fuera como creo y defiendo aquí, que la redención se produce, se alcanza en el primer acto de Cristo encarnado, en el vientre de su madre, de valor infinito, al acto humano y divino de una Persona Divina.
Siempre me ha admirado que Cristo al morir no dijera “acabo de realizar con mi muerte la redención” sino “todo se ha cumplido, pero no en el sentido de “todo a pasado como tenía que pasar” sino todo se ha culminado, completado, consumado.
Puedo pensar que si bien un solo acto de Jesús, Persona Segunda de la Trinidad, encarnada, por su valor infinito de amor al Padre, pudo y de verdad redime o reconcilia toda la humanidad con el Padre, pues es un “hombre perfecto y pleno” de la misma naturaleza que el resto de la humanidad caída o pecadora, ama al Padre en plenitud, y el Padre al ser su Hijo no puede rechazar la reconciliación desde el primer instante de la encarnación entre Dios y los hombres, pues de otro modo Dios Padre hubiera estado de espalda a Dios Hijo desde el instante de la encarnación hasta la redención en la Cruz, sin reconciliarse con El y por tanto tampoco con la humanidad.
Pero al reconciliarse con Cristo, naturaleza humana y divina en el mismo instante de Fiat, se reconcilia con toda la humanidad es decir se produce la redención y salvación de todo hombre, y la naturaleza humana no caída de la Persona Divina de Cristo, redime a toda naturaleza humana, para que la naturaleza humana de Cristo, santa con santidad infinita, no fuera manchada con la naturaleza caída del hombre.
Así la redención está completa y plena simultáneamente en todos y cada uno de los Actos de Cristo, todos salvíficos, reconciliadores y redentores desde el Fiat, momento primero en el tiempo hasta que se consuman, se completan en el tiempo, no en la efectividad, y tiene su culmen en el perfectísimo acto de amor a Padre, cumplir su voluntad, y al hombre, que hace Cristo al expirar. Pero todos y cada uno por separado, desde el primer acto cotemporal al Fiat hasta “e inclinando la cabeza entregó su Espíritu” son plenamente salvíficos y redentores.
De todo ello podemos colegir que Cristo redime al hombre en el mismo instante de la encarnación en el seno materno de María y simultánea al Fiat. No es el Fiat el que redime. María es solo una mujer humana. Ella, no es Dios ni divina, por mucho que sea portadora de la Divinidad y “Madre de Dios”.
Pero Fiat y redención, por el primer acto de Cristo encarnado de valor infinito coinciden y el segundo, redención, está causado por el primero, aceptación, Fiat, aunque no sea su causa, la causa de la redención, pues la causa de la redención es el valor infinito de amor de Cristo en todos y cada uno de sus actos, como aceptación de la Voluntad del Padre. “He venido a hacer tu Voluntad”
Tanto amó Dios al mundo, al hombre, que le entregó su Hijo Unigénito.
Probablemente todo esto ha ocurrido en la mente y amor de Dios desde toda eternidad, Dios inmutable, aunque “en el principio” y “en la plenitud de los tiempos” Dios está totalmente fuera de nuestra dimensión temporal.
Quiero aquí doblar mis rodillas ante el Vientre en cinta de María, Madre de Dios y de la Iglesia de Cristo, Madre de todos los hombres, y adorar al Dios encarnado por el Fiat, no como causa, esta es el Espíritu Santo “que le cubrió con su sombra”, sombra que oculta la plenitud de la Luz, sino como camino o posibilidad para la encarnación.
Y quiero adorar a este Cristo redentor y salvador YA desde el seno de María.
María pues, como la celebran los cristianos y la advocan sus hijos es corredentora, no porque de su Fiat provenga la redención, “Cristo es el UNICO Redentor”, sino por ser causa de su realización temporal, pues sin el Fiat, arcanos de la Voluntad divina, no hubiera habido ni encarnación ni redención.
Ciertamente Cristo es el UNICO redentor, porque solo sus actos de Persona Divina tiene valor infinito de amor al Padre, y al tener naturaleza humana, plenitud de hombre, “Dios Padre se ve obligado a reconciliarse con la humanidad” en el mismo momento del Fiat.
Pero ciertamente el Fiat de María posibilita al Hijo encarnarse por obra del Espíritu Santo, en la santísimas entrañas de María.
Es el canal sin el cual Dios no hubiera podido, por su designio y su voluntad, encarnarse, y sin el cual todas las gracias de la redención no hubieran podido ir del Hijo al Padre y el Padre al Hijo y por el Espíritu Santo a todos y cada uno de los hombres de todos los tiempos.
Adoremos pues de rodillas y en silencio a Cristo encarnando en el primer instante del Fiat y en el seno de María. Al Cristo Salvador, Santificador, Redentor y punto de encuentro entre Dios Padre y los hombres.
Ella, ciertamente no es redentora y su Fiat no es redentor sino en cuanto es causa de la posibilidad de la redención.
En ese primer acto de Cristo de amor al Padre en el seno de María se produce la redención.
Bendito tu vientre y el Fruto de tu vientre, Jesús.
Reflexiones tras el Sínodo Diocesano de Las Palmas sobre
María como Corredentora. Las Palmas 1992
Véase Constitución Dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium
Carlos Portillo Scharfhausen
DNI 00145415D
http://organigramageneral.blogspot.com
No hay comentarios:
Publicar un comentario