La redención ocurre en el mismo instante del primer instante de la Segunda Persona de la Trinidad encarnada, asumiendo la naturaleza humana y haciéndose hombre.
Pero ocurre en cada instante, en cada acto, en cada pensamiento, obra o deseo de Cristo encarnado, porque todos y cada uno de los actos de Jesús, como Dios, tienen valor humano y divino infinito, pues proceden de un ser divino, Dios, Segunda Persona de la Trinidad, Persona Divina, no humana, aunque con naturaleza humana y divina.
Pero la redención no es la suma de valor de los actos de la vida de Cristo, desde el fiat al consumatum est, no. En cada uno de ellos es perfecta, total, completa y absoluta.
El todo esta cumplido, consumado, completo no es más que la constatación de que todos los actos de la vida de Jesucristo, Hijo de Dios, se han cumplido en el tiempo, se han llevado a cabo, cumpliendo plenamente la Voluntad del Padre. “Mi comida es hacer la Voluntad del que me envió, del PADRE”.
Es como la consagración de todas y cada una de las Misas de todos los tiempos. Desde la Última Cena hasta la última consagración realizada en el último momento de todos los tiempos.
No es una clonación de la persona Divina de Cristo, ni una multiplicación y suma como si en cada forma consagrada existiera un Cristo uno, dos, tres y más, iguales e idénticos todos, sino una misma y única persona que está en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de todas y cada una de las formas consagradas al mismo tiempo pero sin dualidad alguna.
Así el valor redentor y la redención misma de todos y cada uno de los actos de Cristo: en todos está completa, total, absoluta, sin necesidad de nueva complementación, ni siquiera por el acto de la Crucifixión, pues está es la plasmación coram Deo et coram hominis de la misma redención, de la misma redención de todos y cada uno de sus actos por separado u unidos. El drama de la pasión, la representación visual pero real y verdadera del valor de cada acto sufriente de Cristo hasta la muerte y muerte de cruz.
“Me amó y se entregó por mí”, “hasta la muerte y muerte e Cruz”
Dios Padre acepta y quiere la Encarnación de Cristo.
Si no hubiera sido así Dios Padre hubiera aceptado una encarnación, ciertamente libre de pecado alguno, ni siquiera del pecado original, que si María fue reservado de él, por los méritos futuros, en el Dios inmutable, presentes, de la muerte de Cristo, más aún ciertamente Cristo se encarnó en una naturaleza human prístina y purísima, pero también naturaleza humana en ese tiempo concreto y exacto de la historia, “de los tiempos”, caída y no redimida aún.
Así pues se encarna en una naturaleza humana como la de antes de la caída en el Paraíso,
Pero como luego iremos analizando no exenta de ciertas limitaciones de ella, como el sufrimiento, el dolor, la tristeza, el miedo, etc, y hasta la tentación posible.
Todos estas manifestaciones de nuestra propia naturaleza, que parecen no eran propias de la naturaleza de la inocencia original, sí están confirmadas y avaladas históricamente en el tiempo en la naturaleza y la humanidad de Cristo.
Pero si hubiera habido ya redención, aplicada ya de hecho como lo era de futuro derecho a “los padres que estaban esperando su santo advenimiento”, rescatados cuando “bajó a los infiernos” (Seno de Abraham), aplicada dicho de hecho como a María preventivamente, a los apóstoles al menos, que de criaturas amadas por Dios Creador debían ser ya “hijos amados por Dios” por el bautismo de deseo y de la misericordia,
Condición sine qua non, la gracia santificante, la amistad plena con Dios Uno y Trino,
(Y vendremos y haremos en él nuestra morada) la habitación del Espíritu Santo, (No sabéis que sois templos …), para recibir el Cuerpo y la Sangre del Señor, pues sin estas condiciones “recibiréis vuestra propia condenación”
Es pues claro que cuando Cristo da para que tomen y coman todos de él, su Cuerpo y su Sangre que aún no ha sido entregado por vosotros y por todos para el perdón de los pecados, ciertamente la redención YA se había efectuado plenamente y los apóstoles y otros muchos serían por el bautismo de la redención, plenamente ”hijos de Dios”.
Así pues la eternidad se encarna en el tiempo porque el tiempo fue creado probablemente, ciertamente, según creo yo, en el principio de la eternidad. Deus inmutebilis est.
Carlos Portillo Scharfhausen
DNI 0145415D
Las Palmas 2011 en la Fiesta de la Maternidad divina de María.
01 enero
Carlos Portillo Scharfhausen
DNI 00145415D
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