domingo, 20 de septiembre de 2009

Carta a Lucía de sus abuelo Carlos

Carta De Lucia. 2009.04.16 Carta a mi abuelito

Querido abuelito Carlos:

Gracias por la carta que me escribiste el día de mi nacimiento que guardo como oro en paño en mi corazón.

Lucia, luz para buscar y abrazar la verdad, verdad para buscar y revestirse del bien, bien para esponjarse y vivir inmerso en el amor, el cariño y la ternura.

Hoy quizás y sin quizás sea el día más grande y hermoso de mi vida. De criatura amada, muy amada por Dios, he pasado a ser “hija de Dios”, hija amada por Dios, mi creador.

Qué maravilla, querido tío Diego. Hija de Dios. Qué alegría, querida Tííta Marta. Hija de Dios. Qué belleza, querida tía Elena Hija de Dios. Qué responsabilidad, querida tía Cristina. Hija de Dios. Qué intimidad, querida tía Elena. Unida a Dios. Qué grandeza, queridos tíos Ana y Nacho. El Bautismo, como mis primos, hijos de Dios. Que entrega, querido tío Coco .Dios mi Padre. Que honor, queridos tíos Bea y Carlitos. ¿Quién puede presumir de título más alto? Qué plenitud de vida, querido e inefable tiíto Jorge, morada de Dios. La chinita que te lleve será la mujer más afortunada del mundo.

No podíais haberme hecho regalo más grande, queridísimos mamá Marisa y papá Fer.

Pero si hoy habéis elegido para mí ser hija de Dios, de todo corazón os ruego que me ayudéis cada día a vivir y amar como una buena hija, como una buena hija de Dios.

Querido abuelito, te voy a confiar dos secretos grandes. El primero es la ternura que me invadió el corazón y me lleno el alma y el cuerpo cuando vi. por primera vez el rostro de mi madre, Marisa. Con qué amor me miraba, con que cariño me apretaba contra ella, con que calor apreté mis labios contra su pecho para seguir viviendo de ella y por ella.

Luego vi a Fer, tu hijo. Por primera vez sentía de verdad toda la emoción de ser padre. Mi padre. Y yo sentí todo el cariño de ser su hija.

Qué inmensa misericordia la de Dios. Que puedan compartir su paternidad humana con su paternidad divina.

Y esto no se lo digas a nadie. Luego me cogió en brazo mi abuelo Diego. Me acariciaba suavemente la planta del pie. Estaba tan enternecido, que le noté ese pudor que sienten los hombres cuando alguien les puede adivinar su ternura. Qué cerquita y fuerte sentí todo su amor en mi corazón recién nacido. Luego mis dos abuelitas, a cual más conmovidas y emocionadas, compitiendo en generosidad de compartirme y tenerme.

Es el amor y solo el amor el que llena a todo nuestro ser de felicidad. Por eso se puede ser feliz en el gozo y en el dolor. Jesús fue feliz en el gozo de su Resurrección pero también en el dolor de la cruz, que era entrega de amor por nosotros.

Yo he visto feliz a mis padres, Fer y Marisa, casi hasta el embobamiento, cuando les miro y al mismo tiempo sonrío. Pero también, aunque les cueste, son felices, cuando a media noche lloro y se tienen que levantar a cambiarme los pañales o darme el pecho.

El sacrificio, hecho por amor, no quita la felicidad, queda ahí escondida en el fondo del corazón, como esperanza del gozo.

Sólo en la verdad esta el amor. Sólo en el amor está el bien. Sólo en el bien está la libertad. Sólo en la libertad está la plenitud. Sólo en la plenitud está la felicidad. Pero sólo Dios es la verdad, el amor, el bien, la libertad, la plenitud y la felicidad.

Educarme el la exigencia y en la austeridad. En la libertad y en la responsabilidad. Pero quiero ser libre y responsable en toda mi persona y compromisos. También y sobre todo ante Dios y ante el bautismo que he recibido hoy. Verba volant. Ejempla traent. Las palabras vuelan. Los ejemplos atraen. Por eso quiero que vosotros dos, papá y mamá seáis el espejo en que me pueda mirar como cristiana hija de Dios. Quiero tener un hogar cristiano y católico, donde pueda con naturalidad vivir mi compromiso de fe que hoy habéis elegido libremente para mi con el bautismo. La fe es un talante, una forma de ver y entender la vida y de amar a las personas. Enseñadme con vuestro ejemplo y vuestro amor desde mi cuna. Cuando os vayáis a dormir cada día haced sobre mi frente la señal de la cruz y dadme un beso en ella. Ya desde tan pequeña como soy rezad junto a mí el “Jesusito de mi vida” para que sea como la canción más conocida por mis oídos cuando vaya dándome cuenta de sus palabras. Que cuando yo vaya creciendo oiga cada domingo en mi casa como la cosa más natural del mundo “Mamá, Marisa, “mi chica” a qué hora vamos a misa, pues la Eucaristía es el centro de la vida del cristiano y mi bautismo no tendrá sentido ninguno si no se prolonga en “mi familia Portillo Torre” como un encuentro con Jesús cada domingo lleno de amor y unión.

También podéis mimarme un poquito. Con ese mimo que no hace daño porque es la ternura del amor y del corazón.

Quiero vivir en un hogar que sea el amor de vosotros dos, Marisa y Fernando. Vuestro amor será mi mayor riqueza.

Y todo bajo la mirada amorosa de María, la Madre de Jesús niño y bebé y mi Madre del cielo. Enseñadme a amarla, a quererla y a confiar en Ella. Yo sé mamá Marisa que cuando tú me miras puedo ver en tus ojos toda la ternura que sentía la Virgen María cuando la miraba Jesús desde su cuna. Cuida que siempre mis ojos os miren a los dos, mis queridos papás, y a todos los hombres con la misma misericordia que los de María. “Vuelve a nosotros esos tus ojos, misericordiosos”. Así quiero que sean estos preciosos ojos con que Dios y vosotros me habéis engendrado.

Dios mi Padre. Fer mi papá. Hermana en Dios Padre de Jesús. Marisa mi mama querida. Lucia templo y morada del Espíritu Santo. Hija del amor y para el amor.

Bueno querido abuelito. Tengo que marcharme. No vaya a ser que mamá, mi mamá Marisa, como se me llena el alma al decirlo, mamá Marisa, vaya a mi cuna y no me vea dentro.

Hija de Dios, hija de Dios, hija de Dios. Lucia vuestra hija querida, hija de Dios Padre, resucitada a la vida por Dios Hijo, Templo en cuerpo y alma del Dios Espíritu Santo.

Con todo mi cariño, tu nieta.

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