domingo, 20 de septiembre de 2009

La fecundidad en el acto carnal

18.04.02.06.01.09.- W: 05.-acto conyugal y moral del amor.

LA FECUNDIDAD DEL ACTO CONYUGAL

I.- EL ACTO GENITAL VISTO DESDE LA "MORAL DEL AMOR"[1]

1.1. Su justificación y santificación sólo se la da el amor.

En la pareja humana la comunión carnal siempre debe ser fecunda, aunque no siempre sea procreadora, pues debe SIEMPRE para que sea "humana", dar amor, recibir amor, producir amor, dar unidad, recibir unidad, producir unidad, siendo como es un íntimo diálogo del amor en la intimidad de la pareja.

Toda pareja humana, unida en el amor, debe sentirse más profundamente querida y unida, durante y después de la unión marital como consecuencia de esa misma unión.

Es precisamente esa comunicación de amor y unidad, de relación y intercomunicación personal, que considera al otro como objeto ( mejor, sujeto) de nuestra donación y amor, y como capaz de donarnos su amor que desea expresarse en la persona amada, la que le da al acto su sentido pleno, le hace humano, y por tanto, por el sacramento, santificador y cristiano.

1.2. No se justifica, ni aún siendo procreador, por otros motivos.

Si el acto procede del egoísmo, de la concupiscencia desbordada, del placer desenfrenado y egocéntrico, es siempre infecundo en el actor, porque, aunque fuese procreador, produce egoísmo, y al descubrirlo la pareja, ("me usa" para SOLO su placer, NO ME AMA, soy un "objeto" o una cosa de la que arranca placer y gozo, y me busca sólo y exclusivamente por ello, sin tenerme consideración de persona, sin relación interpersonal) se siente prostituída, rebajada de persona a cosa, se siente objeto, y el acto separa, aleja, desune, y degradando, prostituye.

1.3. Dios, amor, se hace presente en éste acto si procede del amor.

La comunión carnal, el acto genital, nacido del amor mutuo que sabe darse y recibirse del uno al otro, une, aumenta el amor, la ternura, el respeto, el cariño, la amistad de la pareja, la confianza, la compenetración, la ayuda mutua, la alegría de vivir juntos, la ilusión de futuro, la esperanza del mañana compartido, y en la pareja cristiana, santifica y hace a Dios presente en ese mismo amor conyugal, sobrenaturalizándolo, haciéndolo trascendente. Dios es amor y donde hay amor, allí está presente Dios.

1.4. La procreación, más que fin, fruto del amor conyugal.

Desde este punto de vista, la procreación, más que el fin, que es cultivar ese amor conyugal, es el fruto "natural", pues el hijo se convierte así en el "amor vivo de los dos", es nuestro amor encarnado, "hecho carne", como Jesús es el fruto hecho carne del amor de Dios a los hombres.

Aquí como en todo acto humano, tienen aplicación plena las palabras del Señor: "por sus frutos los conoceréis".

1.5. El fin procreador, sin sentido unitivo, prostituye.

Desde este punto de vista es el amor el que le da pleno sentido humano al acto genital, y eleva su fin procreador, puesto en él por el Creador, a acto humano, dignificándolo y santificándolo.

El sólo sentido o fin procreador, sin su sentido unitivo y humano, quedaría truncado, pues ni para cumplir el designio (mandato) de Dios de "creced y multiplicaos" es lícito prostituir o usar a persona alguna ni aún dentro del mismo matrimonio.

Esto en nada disminuye el sentido procreativo de la genitalidad, como obra del creador, sino que la centra en la esfera del amor y por tanto de la participación de la esencia de Dios y de Dios mismo.

1.6. Sólo el amor da sentido a la paternidad, y por tanto a la procreación.

El bien, el amor, es difusivo por sí mismo y es del amor de donde nace toda paternidad y desde luego la divina. Dios es Padre porque nos ama hasta la ternura y la entrega. Sin su amor en nada se podría entender la paternidad de Dios. Y es en sentido pleno y en el contexto de la paternidad y del amor, en el único que puede tener sentido la procreación, como acto de amor, como prolongación del amor, como encarnación del amor.

Igual que en Dios, que de su amor procede la creación entera, ‑ hecha desde luego con amor,‑ de la misma forma, a imagen y semejanza de Dios, del amor de los esposos debe proceder todo acto procreador.

"Y vio Dios que su obra era buena. Y los creo hombre y

mujer. Hombre y mujer los creo."(Gen,1,27)

1.7. La pro-creación, a semejanza de Dios.

"Y tanto amó Dios al mundo que le entregó su hijo unigénito" "y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros"

De tal manera ama Dios, que hasta su mismo Hijo se hace carne de nuestra carne, y hueso de nuestros huesos. El Hijo, engendrado por amor, desde el principio, ‑Tu eres mi Hijo hoy te he engendrado,‑ hoy, el día del amor, la eternidad misma, se hace hombre por amor.

Primero es siempre el amor, y el amor es siempre origen y principio de todo acto divino, y a su semejanza, debe serlo en el hombre de todo acto humano. También de la procreación. Con mayor razón de la procreación, participación directa de la paternidad de Dios, que nos hace a la pareja humana semejantes al Creador, coparticipe en su nueva y vital creación como soplo de vida y alma del nuevo ser.

Destacamos pues, que no es un acto generativo hecho con amor sino un acto de amor que nos lleva al procreador, y que le da sentido y lo eleva a su dignidad de humano, hecho naturalmente con amor, pues del amor procede.

1.8. En los días infecundos, justificado SOLO por el amor.

Y ello se ve mas claro aún en el acto genital amoroso de los días infecundos de la mujer, que siempre por voluntad divina y así sentido y enseñado por la Iglesia y por la conciencia humana, ha sido sentido con lícito, bueno y humano, porque su origen es el amor, y punitivamente engendra amor. Sin este principio engendrante del amor con promotor y desencadenante del acto unitivo, carecería totalmente de sentido y de licitud, pero este principio unitivo del amor le da esencia de rectitud a pesar de carecer de consecuencias procreadoras.

II. EL SIGNIFICADO UNITIVO Y EL SIGNIFICADO PROCREADOR.

2.1. El acto genital visto sólo desde la teología del deber.

Cuando se parte de la visión unitaria del acto procreador como mandato de Dios para perpetuar la especie, se corre el riesgo de perder de vista su origen en el amor, en la teología del amor, en la ética del amor, en el contexto del amor, en su medida por el amor, que es sin duda el único fundamento de toda moral cristiana, predicada por Cristo y salida del mensaje evangélico, y enmarcarlo sólo en una "moral de deber o deberes".

Por otra parte el sentido tan profundo y la tendencia tan fuerte que marca el instinto procreador en su tendencia carnal o concupiscente que lleva hasta el desenfreno y el placer como último y único fin, placer tan fuerte que marca al hombre, y el querer "ordenar y someter a la razón" dicho placer desencadenado por el pecado de Adán, ha hecho que se estudie y vea el acto genital como un acto objetivo, con una moral objetiva y fría, en un contexto de bondad o maldad "según su fin principal", fin principal para la especie y justificación quizás de su creación como acto, pero desde luego fuera de todo su entorno humano, de la totalidad del hombre, como acto aislado, y no inmerso en el fin total del hombre que es el amor.

Se ha buscado su licitud o ilicitud en el plano objetivo de su finalidad objetiva, (sirve para, produce procreación, es mandato de crecer y multiplicarse) y se ha olvidado de estudiarlo no en su maldad o bondad conforme a ese fin objetivo, sino el contexto completo del hombre, creado para amar en todas su circunstancias, con toda su persona y todas sus potencias o cualidades, con todos sus carismas, puestos al servicio del amor a los demás, y en este caso concretado en el objeto-sujeto de ese amor que es el propio cónyuge, el más proj(x)imo entre los proj(x)imos,y en él/ellos a Dios y que éticamente se santifica si procede del amor, si produce amor, si engendra amor, a imagen y semejanza de Dios.

III.- ESTUDIO DEL ACTO GENITAL EN LOS DIAS INFECUNDOS

Por más que esfuerzo mi inteligencia y pongo de rodillas mi corazón no puedo, no llego a entender cómo en la unión carnal de una pareja humana lúcida en los días lúcidamente infecundos, sabidos como infecundos, puede estar presente el significado procreador en sentido pleno, es decir, como generativo o fecundador.

Si es en la intencionalidad de la pareja, me parecería una intencionalidad falsa e hipócrita. No se puede tener intencionalidad de una cosa que se esta haciendo "precisamente" en esos días, conscientemente de ello, en que NO se puede producir esa intencionalidad.

Ni siquiera entiendo como puede Dios mantener esa "inseparable conexión" del sentido unitivo y procreador en esos días, y en ese acto, cuando El, Autor de la naturaleza, está por su propia ley natural privándole de unos de los efectos o significados al acto genital.

Si existe esa "inseparable conexión", ¿cómo se realiza? ¿Es que Dios obliga al hombre a darle un sentido y no separar lo que El mismo ha separado por naturaleza? ¿Puede ir Dios contra su propia obra?

Admitir esa inseparable conexión nos llevaría irremediablemente a tener que colegir la ilicitud en esos días de toda unión carnal en todas sus circunstancias, si estamos seguros de que no se puede producir ese sentido procreador, porque estamos desconectando VOLUNTARIAMENTE lo que Dios mismo ha unido.

Esta afirmación va contra toda lógica, contra toda evidencia y contra toda la tradición humana y cristiana en su conciencia moral a través de toda la historia.

¿Debemos pues pensar que por voluntad de Dios esa unión o conexión inseparable es sólo de los días fecundos? ¿y por qué en esos días sí y en los otros no?

Admitir por otro lado la paternidad responsable es admitir que la paternidad puede ser irresponsable. Esto, que parece una perogrullada, tiene un sentido pleno, pues hay quien se inclina ferozmente a que la paternidad es irresponsable cuando se evitan los hijos o no se desean, o se ponen los medios para no engendrar, y no admiten o sólo a "soto voce" que traer un hijo de más, engendrar en ciertos tiempos con circunstancias responsablemente adversas, puede ser paternidad irresponsable y muy irresponsable y por tanto contrario a la voluntad de Dios. Si no se engendra el hijo o se evita se falta a la voluntad divina. Si se engendra, no, nunca, jamás. En otras palabras duras pero reales: Dios puede querer que no se engendre otro hijo, aquí y ahora.



[1]véase mi estudio sobre "La Teología del Amor" y una definición de "amor" en "El amor fundamento de todo matrimonio"

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