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LOS MENDIGOS, EL CRISTIANO Y LA IZQUIERDA.
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Tiene muchísima razón el Sr. Fco. Umpierrez cuando reivindica para la política de izquierda el haber creado esos apetecibles puestos de trabajo de lavacoches y clineros, que deben ser parte de los 800.000 tan generosamente prometidos, pues ella gobierna mientras van subiendo vertiginosamente los parados.
Pero el Sr. Umpierez no debe haber pasado muy a la ligera por su lado sin bajar el cristal y acelerando cuando no se ha percatado que para un tanto por ciento muy alto de ellos no son "simples medios de ganarse la vida" sino de pagarse la droga.
Hoy esos "amables" "saluda trapos" que nos señalan un hueco para aparcar se van convirtiendo en una pequeña mafia, con territorio propio que chantajean la libertad de ciudadano que además de pagar a las hermanas Koplovick debe pagar a estos voluntarios guardacoches so pena de al volver encontrarlo con un rayado en los cuatro paños. Cuando no nos sometemos a la obligación que nos imponen de darles, y algunos hasta marcan la cantidad, - menos de veinte duros es "para esta miseria", - nos lo agradecen con una frase concebida para zaherir nuestra sensibilidad juzgada necesariamente por ellos como tacañería.
Claro que algunos habrá honrados y necesitados. Pero hoy por desgracia la ayuda al prójimo necesitado, cristiana o no, excepto en contadísimas excepciones debe hacerse para que sea solidaria y eficaz a trabes de instituciones como Cáritas o la ayuda directa y personal de visitas a familias, ancianos, etc.. a través por ejemplo de la Caritas parroquiales, o colaboración no solo de dinero sino de tiempo, alegría y cariño, vida compartida, con alguna comunidad ya establecida en barrios marginales.
La picaresca es tal que en nueve de cada diez veces nuestra ayuda se puede hacer desayuda, y nuestra generosidad primada.
Durante tres meses mi hija estuvo dando cada sábado desayuno y comida a unas inocentes niñas de 8 y 4 años que al salir de casa iban a un colmado próximo a vender al 40% el kilo de arroz, las alubias o los garbanzos.
Líbreme Dios de defender una caridad tan institucionalizada, que nos deje la conciencia tranquila y nos aleje cómodamente del contacto con la persona del necesitado, más importante aún que la ayuda material misma, tanto para él como para nosotros.
Por eso una ayuda crematística y material solamente, aunque hubiera un 100 % de eficacia, no es una ayuda totalmente cristiana, y es necesario buscar el donde para el contacto personal.
Pero desde luego, al menos creo yo, eso no se resuelve en los semáforos, y es obligación solidaria y cristiana del Alcalde erradicar, no barrer, la mendicidad, urgiendo a su propia corporación, a los Cabildos, al Gobierno y al la propia Sociedad, que somos todos, a buscar y encontrar los medios para la digna subsistencias de estos, sean honrados y sanos o enfermos de sida, droga u otras dependencias.
Cáritas, Proyecto Hombre, Jesús abandonado, Asilos de Ancianos, Organizaciones Parroquiales, etc. son medios eficaces donde los cristianos podemos canalizar nuestra ayuda, material y personal, y como empresarios creando puestos de trabajo estables para llenar ese derecho irrenunciable de todo hombre que es el derecho, y el deber, del trabajo.
No comento su comparación entre derecho a la vida o postura antiabortista con el derecho al trabajo porque es tan sofista como los que someten la verdad al numero de votos.
Pero si me hizo gracia una frase suya: "el cristianismo del PP se muestra como una simple costumbre social".
Muchos años tubo la izquierda como bandera su "aconfesionalidad" y la necesidad de que no existirán en los partidos banderas de credos y ahora que el PP es aconfesional Vd., que debe ser de izquierda, se lo reprocha.
La política y el gobierno de la sociedad civil, aunque el gobernante sea cristiano, tiene como límite que hay que alcanzar y ejercer, la justicia, ( la solidaridad y la beneficencia, que no es caridad, aunque con caridad se hagan, están dentro de la justicia y no más allá) y la caridad y el amor humanos y cristianos tiene el ámbito de la persona, también como ser social, pero no entran entre los derechos y deberes de los gobernantes como tales.
Los valores culturales y cívicos de la civilización cristiana no son obligatorios por ser de inspiración cristiana sino por entrar plenamente en el valor humano del concepto justicia.
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