domingo, 20 de septiembre de 2009

GREGERIAS RELIGIOSAS y POLITICAS

GREGERIAS RELIGIOSAS Y POLITICAS

Saber que Dios es Padre es un descubrimiento más revolucionario que el marxismo y que el comunismo.

No creer n Dios es una atrofia intelectual muy grave.

No creer en Dios es una carencia intelectual hasta para el sabio.

No creer en Dios es posiblemente una tara intelectual aguda.

Todo hombre para estar intelectualmente equilibrado debe creer al menos en la “Religión fundamental”

La “religión fundamental” ( o mínima) está compuesta por la creencia en la existencia de Dios, de que es un Dios bondadoso y hasta misericordioso, en la creencia de el principio del bien y el mal, y por tanto de nuestra propia trascendencia, único y totalmente necesario fundamento de la ética o moral, en la exigencia ética de practicar el bien y evitar el mal, en creer en el hombre y aceptar sus limitaciones. En cristiano se llaman “hombres de buen voluntad” y son trillones en el espacio y en el tiempo.

Creer en Dios como creador es simplemente aceptarle como Dios. Sino fuera el Creador, no sería Dios, sino algo o alguien más de lo creado.

No hay nadie más pobre que el que no tiene a Dios.

Hasta el ateo más ateo duda mil veces de estar equivocado y de que Dios exista.

No hay nadie más ridículo que un ateo proselitista.

Esta duda le duele, le inquieta, intranquiliza su vida y su conciencia. Por eso se revuelve tanto en el tema y se deja llevar de la ira cuando no se comparte con él la duda.

Hasta el más ateo se da cuenta cuando se “introspecciona” que hay un principio del bien y del mal gravitando siempre en su conciencia.

Hasta el creyente más fiel y sincero se pregunta mil veces en su vida s Dios existe.

Sólo el insensato y necio vive de espalda a esta duda fundamental y trascendente sumergido en el materialismo y en el consumismo, o en hedonismo y en el mal llamado “bienestar”.

El único enemigo del hombre es el hombre.

El mejor amigo el hombre es sin duda Dios.

Sólo el amor, en el contexto de cómo es entendido por Dios, da sentido a la vida.

Todo hombre es trascendente aunque no lo crea y aunque lo rechace, porque es imagen y semejanza de un Dios inmortal y eterno.

Por mucho que matemos a Dios en nuestra mente y lo queramos desterrar de nuestra existencia, “Dios ha muerto”, El sigue existiendo fuera de nosotros, indestructible, inmenso, eterno, inmutable, “conjunto de todas las bondades sin mezcla de mal alguno”

No creer suele ser el tapujo y la excusa par la comodidad, lo confortable del bienestar, la sexualidad desbocada y libre, la avaricia más aberrante y soterrada, la explotación del hombre para acumular futuro seguro, el poder de la soberbia y la soberbia del poder, el creer que nuestra libertad no tiene límites ni obligaciones y que nuestro poder es someter a los demás a nuestro imperio.

Lo más sutil y absurdo de la democracia es la manipulación de las masas “por la democracia” y “en la democracia.”

No existe falsedad más contradictoria que la del concepto de “ética democrática”.

La mayoría (sic) de los que llegan al poder en la democracia no son demócratas y manipulan subrepticiamente desde el poder recibido que no suyo a los mismos que les votaron.

La mayoría de los eslóganes políticos son falacias engañadoras y mentirosas fabricadas a demás con alevosía y “nocturnidad”. (Se salvan pocas)

Manipular desde el poder para mantenerse y perpetuarse en el poder, sobre todo subrepticiamente, es el agravio y desprestigio a que se le puede someter a la misma democracia.

Creer que la democracia es la panacea universal es no creer en la democracia.

La democracia tiene sus servidumbres. Aceptar estas servidumbres es la única forma de ser demócratas.

Quien utiliza la política para trepar, engordar o perpetuarse en el poder es la forma más indigna y repugnante de los que se autodenominan con auto bombo demócratas y progresistas.

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