domingo, 20 de septiembre de 2009

Castidad Virginal y Castidad Conyugal

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VOCACION A LA VIRGINIDAD O AL MATRIMONIO

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01.- Teología hecha por célibes.

La teología conyugal siempre la han hecho hombres célibes que han querido transcalcar (transplantar) su "complejo de virginidad superior" a la "castidad conyugal", haciéndola más perfecta, cuanto más se pareciera esta a aquella, puesto que se partía de un grado de superioridad y perfección, la virginal, y de un grado no solo de inferioridad sino de imperfección, la "castidad" conyugal.

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02.- Objeto de la castidad conyugal.

Se olvidaba primero, que en el matrimonio, sin negar su castidad especifica, lo sustancial es su unidad engendrada por el amor, y esta, la castidad, carece de sentido alguno, si no es en el contexto del uso de la sexualidad y la genitalidad, de la íntima comunidad de vida y amor, en la comunicación del sexo, de los hijos y del compartir.

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03.- Objeto de la virginidad

La virginidad, y su castidad especifica, parten de otros principios, y en nada se parecen a esta, sino en el respeto al propio cuerpo como templo del amor y por tanto del Espíritu Santo, respeto que es su uso conforme a su naturaleza.

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04.- Diferencias en su objeto.

Pero así como una, la virginidad, tiene como fundamento la abstención y la renuncia de la sexualidad genital humana, "proter regnum coelorum", la otra tiene como objeto precisamente su uso, dentro de su contexto humano, y solo se extralimita cuando se sale de él: cuando va “contra natura”, contra el sentido de la creación dado por Dios al hacerla, y por tanto cuando va contra el amor, último sentido de todo acto creador, iluminada por el mensaje evangélico.

La primera renuncia por amor, la segunda, usa por amor, y en el amor.

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05.- Justificación de la virginidad; llamada universal a una santidad total.

La justificación ultima de la renuncia, sin sentido humano si no es por amor al reino de los cielos, como testimonio transcendente, es decir, como carisma vocacional, es una entrega y donación personal a Dios de "SU" llamada especifica a la santidad COMUN a que han sido llamadas todas las criaturas, como hijos de Dios. ("Sed perfectos como mi Padre celestial ‑como Dios,‑ es perfecto" :llamamiento universal a la santidad TOTAL a todos los hombres)

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06.- La virginidad: no llamada a una santidad mayor.

Concluir de aquí una llamada superior a la santidad o una urgencia superior a esta, es intentar disminuir aquella, y no veo como se puede disminuir cuando su limite, ‑la universal a todos los hombres,‑ es la misma perfección de Dios.

Sin embargo, para justificación de esa superioridad de la virginidad, se ha intentado fundamentar en una mayor "santidad", que conlleva una menor "santidad" en la vida matrimonial. De San Pablo, que habría que leerlo con otra lectura que con los ojos ya viciados por esta superioridad, podría colegirse una "mayor facilidad" para llegar a esta santidad, en la virginidad, pero nunca una superioridad. Son dos caminos para una misma meta: la Casa del Padre.

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07.- El argumento del ejemplo de Cristo.

Y el argumento a "ad personam",porque Cristo la eligió, es un argumento lleno de vericuetos, quiero decir, no tan sencillo a primera vista, pues la elección de Cristo NO tuvo que ser por su superioridad manifiesta, sino por su conveniencia manifiesta, en cuanto Hijo de Dios, que no era lógico que engendrara como hombre, y mal ejemplo nos hubiera dado de "padre", sin una descendencia, y como "esposo" sin un uso del matrimonio, en un hombre que al ser Dios era el SACRAMENTO VIVO y pleno de la trascendencia, "proter regnum coelorum", misión y carisma, vocación y destino desde toda su propia eternidad.

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08.- No hay pues desprecio ni inferioridad a la dignidad matrimonial.

No hay pues desprecio ni menosprecio, ni inferioridad o superioridad, ni siquiera repugnancia a la dignidad matrimonial, sino vocación y carisma de Mesías, que venia pues a demostrar con su vida, la transcendencia de ella, en una fe a Dios como Padre y los hombres como hermanos en el amor del Espíritu.

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09.- La virginidad de María resplandor de Jesús como Hijo de Dios.

Esta misma conveniencia se encuentra en María, Virgen y Madre, no por repugnancia a la unión con José, sino por "conveniencia" a la persona de Jesús, que debía relucir como Hijo de Dios, y por tanto no podía ser engendrado por varón, puesto que su divinidad le vendría de descender el Espíritu Santo sobre María y cubrirla con sus sombra, para que el fruto que de ella naciera fuera llamado Hijo del Altísimo.

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10.- La santidad es fruto de las buenas obras, no de la virginidad en si.

Así pues esta semejanza a Jesús o María no santifica por si, ni siquiera enaltece de por sí, si no que es un camino distinto al matrimonio, estado natural del hombre, para llegar a la misma santidad que es el amor en las obras, al obrar, que es lo quien (el amor) enaltece.

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11.- Reminiscencias maniqueas y jansenistas.

Se ha llegado a escribir que teológicamente hablando el acto conyugal por “lo menos era pecado venial” por cuanto que “siempre” conllevaba un cierto desorden concupiscible, aún hecho por amor en el matrimonio.

Claro que lo escribió un célibe y claro que se obnubiló de que la concupiscencia o deseo del otro es parte del amor marital cuando se desea por amor, también el cuerpo del otro.

¿No serán estas reminiscencias maniqueas, “el cuerpo es malo”, todavía suspensas como el polvo en el aire que respiramos, en la teología de le Iglesia, o reminiscencias jansenistas, injertadas en la moral, vistas no desde el amor, sino exclusivamente desde “el orden”, “el deber” “la objetividad” y “la naturaleza misma de las cosas”?

¿Pero la vocación matrimonial no es parte integrante del orden natural y de la naturaleza misma de las cosas, como eje principal, sin el cual ni la creación tiene sentido?

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12.- La virginidad cuestionable desde el punto de vista de la moral natural.

Y no sólo esta superioridad sino hasta la misma existencia de la virginidad es la que es cuestionable, desde el punto de vista natural.

Tienen razón los que desde la naturaleza y el primer, relato de la creación, (Gen 1) no le encuentran sentido alguno a la virginidad, porque en si ni es un estado natural del hombre, ni es siquiera una vocación de Dios.

13.- La pareja forma natural de la creación.

La forma humana natural de existir es la pareja, y las demás se justifican por carismas vocacionales, bien por la imperiosa necesidad de la carencia querida o permitida por Dios, (célibes no consagrados por no encontrar su “media naranja”, “solteros/as a la fuerza”, “defectuosos” de la naturaleza) bien por una llamada transcendente al testimonio del Reino. (Virginidad consagrada).

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14.- Relato del Génesis.

En la primera página del Génesis Dios mismo decide hacerle al hombre una ayuda adecuada. (“Hagámosle al hombre una ayuda adecuada”) Al hombre, como especie, “a la humanidad”. Y en sentido amplio de la frase tendríamos que concluir que el hombre también es “una ayuda adecuada” para la mujer, porque no es la ayuda al varón sino al género humano como tal, y es ayuda para el varón, porque lo creó primero en el tiempo pero no en el amor, y por tanto ayuda para la hembra, en cuanto parte igualmente integrante y total en derecho y hecho del género humano.

No dijo: “hagámosles al varón una ayuda adecuada” sino al hombre.

Y de la misma forma que hombre, creó las especies, - macho y hembra los creó,- en una gama amplísima de “formas sexuales” para que se procrearan y se multiplicaran, como las estrellas del cielo o las arenas del mar.

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15.- Cristo legitima la virginidad.

Es pues Cristo, aunque en el A.T. se ven casos de virginidad “consagrada”, quien legitima la renuncia a la sexualidad natural y el celibato abrazado por “el Reino de los cielos”, y lo santifica con su propia vida.

Es claro que sobre la virginidad nos da una luz clarísima el Señor, primero “viviéndola” en su propia persona, y después santificándola en el “consejo” evangélico solamente justificado,-santificado,- “proter regnum coelorum” (por el valor y el testimonio del “Reino de los cielos”) y no como un valor “per se” como es la pareja humana en su unión de amorosa.

Ello pues no nos exime de “justificarla” - virginidad, - a la Luz de la razón, con la luz del Evangelio.

Es como si un ordenador nos hubiera dado la respuesta de una cierta raíz cuadrada, logaritmo o integral, sin que supiéramos hacer sus operaciones matemáticas.

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16.- Su sentido natural está en aceptar lo sobrenatural.

El esfuerzo teologal para ordenar en razón el estado excepcional (anti-natural) de la virginidad seria innecesario si fuera un estado “natural” del hombre, pero ello mismo le privaría de su significado trascendente de “testimonio” de f e y debemos razonar, mediante el cálculo, lo que el Supremo Ordenador nos reveló mediante su amor o “Buena-Nueva”.

La virginidad natural, en el niño y en el joven que sin esfuerzo no la ha perdido, es un “estado” y no es una virtud: la virtud está en la intencionalidad y la aceptación del estado (acto a acto) por la persona que la vive.

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17.- La virginidad carisma de trascendencia.

Cristo mismo la eleva a la categoría de carisma o vocación. “Entonces más vale al hombre no casarse.” Y Jesús dijo: “No todos entienden este lenguaje sino aquellos a quienes se le ha concedido” (llamada o vocación) (Mat. 19.10-11)

Y es claro que esta virginidad, la consagrada, tiene su razón teológica de ser en su fin último, -proter regnum coelorum,- por el amor a Dios, única y última justificación de todo acto humano.

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18.- Lectura desapasionada de Pablo.

Pero como antes decía si hacemos una lectura despacio y sin ideas preconcebidas de la superioridad virginal, podríamos sin forzar los textos llegar a conclusiones de “su sentido exclusivo de “carisma o llamada” sin entrar en superioridad o inferioridad porque esta no es la cuestión con relación a la santidad o el amor, que es el único y universal fin.

Por ejemplo cuando Pablo dice 1 Cor. VII 32-34, que el que tiene mujer anda solicito en la mujer y en las cosas de Dios, y el que no la tiene sólo en las cosas de Dios, se puede leer que el que no tiene mujer “tiene más facilidad” para acercarse a Dios o más tiempo o se puede dedicar más… pero no que sea mejor para acercarse a Dios en general, porque muchos solteros lo son por egoísmo, o para poder divertirse mejor, y no para ocupar su vida en el Señor.

Es más si el casado o casada tiene a su mujer o marido también como “una cosa más de Dios”, regalo providencial suyo en su llamamiento a la vocación matrimonial, en nada le aparta de Dios su cónyuge, sino que le une, porque sólo a través de él, se podrá acercar plenamente a Dios.

Las palabras de Pablo son un reproche para los que anteponen la mujer a Dios, o su propia concupiscencia, (representada en el “cuidado de ésta”) y no centran su santidad en vivir la santidad de su sacramento. Habla inmerso en su cultura y su tiempo, en los que la mujer aún era un “objeto de segunda categoría”, inferior al hombre, y subordinada a él; le sale el rejo machista de su época y su educación.

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19.- El joven rico, llamada personal, no universal, a la virginidad.

Y cuando al joven rico le dice, a su requerimiento de “qué más me falta, si ya guardo los mandamientos”, que venda cuanto tiene y se lo de a los pobres, y “vaya y le siga” “si quiere ser perfecto”, se lo dice AL JOVEN RICO, y no al que estaba a su lado, y por tanto es una llamada “personal” al joven rico, no a todos ni a todos los que quieran ser perfectos como único camino para serlo porque perfecto se puede ser en cualquier vocación o llamada del Espíritu con tal de seguirla. No es pues una llamada general ni universal a “todos los que quieran ser perfectos” sino una llamada personal, porque “yo conozco mis ovejas y las llamo por su nombre”.

Tal vez represente a todos los llamadas a la virginidad, pero mal los dejaría y los representaría porque “se fue entristecido, porque tenía muchas riquezas”. Y no dice que porque le atraían mucho las mujeres, no sabemos si porque era aún muy joven y su concupiscencia no estaba aún despierta, o porque esta tendencia natural le era más fácil de vencer que dejar sus riquezas.

Curioso pues, que le sea difícil al joven rico entrar en el reino de los cielos, por no desprenderse de las riquezas de hecho, en él, en su realidad efectiva, de derecho y obligación en todos, en su realidad afectiva, -el apego del corazón,- mandato a todo hombre, y no por no abrazar la virginidad “siguiéndole”.

(Noto también “que la atracción por la mujer, -atracción natural de todo hombre a la mujer y por extensión de toda mujer hacia el hombre, no es causa de “no llamada a la virginidad” por Cristo, puesto que esta renuncia es precisamente parte muy central de la virginidad “por el Reino de los cielos”.)

20.- La perfección exige seguir la llamada. No son pues consejo libre de aceptar o no.

No deduzco de ahí la no obligatoriedad de seguir la llamada y vocación personal, que si es “consejo” parece no obligatorio, sino la permanencia a la llamada universal a la salvación a pesar de todo al joven rito, porque “para Dios todo es posible” para “poder salvarse” (Mat. 19.23 y 26)

Y la llamada universal a la santidad es obligatoria para todo hombre consciente de sentir esa llamada y por tanto el “si quiere ser perfecto” no es un consejo sino una llamada a la santidad universal encarnada en la llamada o vocación personal, único camino para llegar a aquella. A no aceptar la vocación personal, abandona el camino de la perfección personal, “porque tenía muchas riquezas”, abandona también la llamada a la santidad universal y es la misericordia infinita de Dios y sus inescrutables caminos los que devolverán al joven rico la posibilidad de llegar a la salvación y quizás a la santidad personal.

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21.- Visión de Pablo en vista de la facilidad para el apostolado. Y el servicio al prójimo.

Y Pablo dice que la virginidad “es más loable, y que habilita a servir a Dios sin ningún embarazo” (1 Cor. VII 35) pero es claro que podemos leer que es más loable porque “da mis facilidad”, porque “habilita” mejor, no porque sea mejor en si, (y esta facilidad es la que acentúa en todas sus citas) y desde luego esta facilidad es en general, porque para el llamado al matrimonio su facilidad está en la pareja y el sacramento, pues “allí” están sus “gracias de estado” o carisma vocacional.

En la virginidad es más fácil “dedicarse” al Señor, pero es más difícil ser virgen que casado. Y Jesús dijo: No todos entienden este lenguaje sino aquellos a quienes se le ha concedido” (Mat. 19,10-11)

Con esta lectura, dentro del contexto del amor y de la llamada universal al amor y a la santidad, no tiene sentido la superioridad de la virginidad sobre el matrimonio y lo importante se convierte en la llamada, el carisma o la voluntad al amor de Dios sobre cada individuo, y en nada importa su inferioridad o superioridad “en abstracto”, porque en “simple y vulgar teoría” no es cristiana esa superioridad o inferioridad sino “encarnada” en el amor de cada individuo, y tan mal elige el que llamado a la virginidad y perfección evangélica tira por el matrimonio, como el que llamado a la santidad conyugal elije el celibato.

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22.- El amor de Dios a todas sus criaturas.

Dios, por evidencia de su misma Justicia, justicia suma y plena, ama, en principio igual, a todas sus criaturas.

No admitirlo así, sería admitir una DIFERENCIACION INJUSTA en Dios. Y en Dios “no hay acepción de persona”.

Pero Dios como Dios y TAMBIEN por razón de su JUSTICIA ama más a sus criaturas cuanto más les corresponden LIBREMENTE.

El amor prioritario a los pobres no es un amor preferencial sino de urgencia en la necesidad, por carencia e injusticia en la debilidad y en las privaciones de lo necesario en justicia de estos desprotegidos y despreciados, es decir es una exigencia de su misma misericordia y de su infinita justicia, partes ambas de su misma esencia de amor.

Es decir, que la razón de “las preferencias “de Dios no están en razón de la “llamada” a la perfección evangélica sino en razón de la “correspondencia” a la llamada, en razón de la respuesta. Y como para El todo es presente las correspondencias futuras están ya en su mente y en su corazón presente en el momento de la llamada.

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23.-El amor a María, su Madre.

“¿Y quien es mi madre y mis hermanos? El que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi madre, y mis hermanos” ¿No es acaso la respuesta exacta? Es la correspondencia de María, prevista por Dios desde toda eternidad, la que le hace a Dios amar tan profundamente a Maria y elegirla como Madre de Jesús, su Unigénito, y no al revés la elección de Dios, quién “obliga” a María a la correspondencia plena. Dios deja a todas sus criaturas en la máxima libertad, y nunca las fuerza ni siquiera para sus arcanos destinos.

Es pues la aceptación de la voluntad del Padre por el hombre, la medida del amor Dios.

Y no podemos negar que Maria fue “elegida entre los elegidos” de manera especial, con llamada especial, con amor especial de Dios. Pero lo fue por su infinita correspondencia. “He aquí la esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra”.

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24.- La llamada a la Santidad.

No hay pues una santidad de primera y una santidad de segunda división. La santidad es la adecuación entre la llamada, vocación o GRACIA, y la respuesta voluntaria y libre del hombre, correspondencia a Dios en el amor.

En el fondo la correspondencia AL AMOR HEROICAMENTE, la práctica de todas las virtudes en grado heroico, como dicen los procesos de canonización, pues el amor pleno es la santidad plena en cada minuto y en todas las acciones de la vida.

Falso consuelo es el del predicador que dice a sus monjitas “que han sido elegidas y más amadas por Dios por ser “monjitas”. ¿Más que a quién?

¿Que al barrendero, al padre de familia, al educador, al albañil o al carbonero, o a la misionera seglar o a la madre soltera, violada y abandonada?

¿Es que por ser monjitas, ya han correspondido más que todos esos otros al amor de Dios? ¿Y quien se lo asegura? ¿Quién es capaz de medir la correspondencia entre la gracia y la respuesta personal y humana? “No juzguéis, y no seréis juzgados”.

Si hay más correspondencia en proporción en la donación del carbonero que en el consagrado al Señor, allí habrá mayor amor de Dios, y por tanto mayor santidad y perfección. Lo que si puede ser que haya es más responsabilidad porque puede haber más clarividencia a lo que quiera Dios de ti.

¿Es que hoy, hoy por hoy, es más difícil o heroico, la correspondencia al celibato que la correspondencia a una paternidad responsable de un padre o una madre de familia?

¿Es más difícil, seguro, la obediencia a Dios, por el voto que la obediencia a Dios en los negocios, en la calle, en las diversiones, en la casa, en los hijos, en la justicia social?

“Dad pues a Dios lo que es de Dios y al Cesar lo que es del Cesar”.

La llamada a la santidad plena es universal a todo hombre, y Dios es la santidad y la perfección plena, a la que fuimos todos 11amados.

Y es más perfecto el estado cuanto más nos acerque a Dios. Y no se acerca más a Dios quien elige el celibato libremente si no es su llamada, ni quien elige el matrimonio si no tiene vocación de casado.

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25.- La santidad no está en el “estado” sino el la correspondencia.

La santidad no está en el “estado” sino en la correspondencia, y las gracias para la correspondencia están en el estado al que fuimos llamados “desde toda eternidad”, como criaturas amadas de Dios y no en “estado” que creemos superior más digno a cerca d Cristo pero al que no fuimos llamado.

No hay más perfección o santidad en un estado que en otro, (per se) porque la perfección del estado no depende del mismo estado, sino de la llamada y su correspondencia.

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