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"LA CASA DE LOS AMIGOS DEL PADRE"
Hoy os escribo a vosotros seminaristas porque es vuestro día. Lo importante no es el continente, el seminario, sino el contenido, vosotros, mis hermanos seminaristas.
Vais a tener una bonita casa. Pero en nada será mejor que el antiguo caserón de López Bota si no lo llenáis como aquel, de austeridad, espíritu de sacrificio, alegría, cuentan que la alegría desbordaba por los patios, y porqué no decirlo "lucha por llegar a la santidad". Ascetismo dicen que le llamaban antes.
Hace unos días almorcé mí en su viejo comedor. Y mirando sus columnas de piedras descarnadas y vivas, pensaba yo que mientras que formadores y formandos lo fueron se mantuvo vivo el viejo caserón.
No dejes que intenten ni intentes humanizarte: divinizante. "Alter Christi". Recuerda que la persona de Cristo es DIVINA. Sólo así podrá el Señor llevar a su plenitud tu naturaleza humana, tu humanización plena y con sentido profundo y trascendente.
Recuerda que serás ordenado SOLO para "celebrar" la Eucaristía. Y como consecuencia de ella para perdonar los pecados. Y confirmar tus hermanos en la fe con LA PALABRA. No con tu palabra,;no con tus ideas, aunque sean "geniales". Un día sin Eucaristía, un día sin perdón, será un día apostólicamente perdido. Por muchas reuniones en las que hayas participado, y muchos organigramas que hayas confeccionado. Toda tu labor eclesial se desborda como en abundantísima cascada, de Cristo-Eucaristía, Sacrificio al Padre, Resurrección y FUENTE de toda Gracia.
Que cuando enciendas tu ordenador, el de tus ojos cada mañana, el papel del tapiz sea "Padre Nuestro" y el menú principal: Eucaristía, Oración y Espíritu de Sacrificio.
Sólo en los submenús puede ir "estudio", acción", "apostolado", y en submenú del submenú, "organización", "reuniones" , encarnación en el ambiente.
Sed pobre; no me digas que la pobreza es el desprendimiento afectivo del corazón. Nadie es más pobre que el que efectivamente lo es; aunque en el corazón esté el espíritu santificador de la pobreza cristina.
Por mucho que quieras "encarnarte en el pueblo" no olvides nunca que fuiste, por voluntad divina, "entresacados de entre los hombres": El Señor "te marcó" y con "carácter" "TE" hizo diferente.
No pongas a María como un icono piadoso al lado de tu teología. Recuerda que durante nueve meses Cristo fue feto dentro del purísimo vientre de su Madre, y que la sangre que corría por las venas del Niño de Belén había corrido antes por las venas de María. Profundizando teológicamente, amorosamente pues, en la persona de Jesús, es bien fácil aceptar la Inmaculada Concepción, la Maternidad divina de María y a una virgen, LA VIRGEN , Madre de la Iglesia. A partir de ahí, separar a la Madre del Hijo en la piedad, en las virtudes todas, no sólo en la castidad, en la predicación, en la educación, en la juventud, en el matrimonio o en la familia, en la teología, en "la misión", en las leyes o normas de la Iglesia, o en tu sacerdocio, es ir derecho al fracaso. María nos dio a Jesús, y es el único camino que a El nos lleva, "porque así lo planeó y quiso Dios".
No quede tu sacerdocio en el Cristo de la Cruz y el Viernes Santo: tu eres Sacerdote "in eternum" como Cristo Resucitado: Cristo se transfiguró "en su rostro y en sus vestimentas".
La divinidad de su persona transfigura su profunda humanidad. La materialidad de su vestimenta también transfigurada se hace signo de su persona sacerdotal.
Cuida que tu humanidad sea sólo la transfiguración de Su divinidad, no la encarnación de los "valores del mundo", porque "su Reino no es de este mundo". Pero desde la Eucaristía, que transustancia el pan y el vino en el Señor, "divinizando" su naturaleza humana, pero sin dejar de ser ella, al encarnar tu sacerdocio "divino" en la sociedad humana, divinízala, porque "mi Reino dentro de vosotros está." Cuida también que tu vestimenta, sotana, alzacuello, una cruz en la solapa, para que sean signo de "Su" Persona Sacerdotal.
Ama a la Iglesia; pero recuerda que la Iglesia de Cristo, no sólo es Pueblo de Dios; también es Institución y Jerarquía. No uses a los Papas y al Vaticano II para que estén de acuerdo contigo y "tus ideas". Con humildad acepta el Magisterio y pon tus convicciones en su mismo rumbo.
No puedo terminar esta carta sin dirigirme a vuestras madres, a vuestros padres para darles las gracias. NUESTRAS más profundas y cristianas gracias. La familia es y debe ser el primer seminario del Pueblo de Dios. Sin ese caldo de cultivo, labor salvífica del hombre, por la colaboración a la gracia, difícilmente Dios podría "entresacar", escoger y llamar a sus elegidos a su sacerdocio ministerial.
Cuando el día del seminario os deshojéis por todas las parroquias y Eucaristías, no pidáis dinero para terminar vuestra bonita casa de Lomo Blanco, que es justa y necesaria.
Pedirles a los padres cristianos que rueguen a Dios, Padre de las Misericordias, que bendiga sus hogares con la elección de alguno de sus hijos para ser su Cristo, su Sacerdote.
Que en sus casas se respire, padres e hijos unidos, que una llamada de Dios, no solo se aceptará sino que será agradecida como una bendición de Dios. Que el "ambiente" , el aire que se respire, el calor que se sienta, los principios de vida que se "vivan", las ideas y criterios que se defiendan, la escala de valores y el talante con que se juzguen los hechos, políticos, sociales, culturales, educativos, que las pautas de acción que encarnen la vida de sus miembros, sean en todo cristianas, de Cristo, de su Iglesia. Sólo ahí, como por generación espontánea, nacerán las vocaciones: Dios amorosamente se dejará enternecer y al elegir a uno de sus miembros marcará sacerdotalmente a toda la familia: la familia del padre "tal".
Sólo me queda pedirte que desde hoy pongas en la Patena de tu misa de cada día al Pueblo de Dios que te va a tocar en misión. "Misa", misión, envío. Desde la Eucaristía. Desde tus Eucaristías ya de hoy. Sólo así, bajo la mirada amorosa de Dios Padre, fundidos en su Hijo, y en "tus manos", (¡ cómo son "ya" de sagradas tus manos, qué maravillosa emoción cuando las bese por primera vez tu madre y tu padre!) en oblación, para que Dios "nos vea" y podamos ser amados por El. Seminaristas. Día del Seminario. Día de los amigos que viven en la Casa del Padre.
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Carlos Portillo Scharfhausen.
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