FECUNDACION Y ABORTO
Yo no sólo creo, sino sé, como católico creyente, que en el primer instante de la fecundación al engendrar los padres, personas humanas, un nuevo ser vivo y humano, distinto a nosotros mismos, un tercero entre dos,- Dios, Padre y Creador, le infunde un alma inmortal que forma un solo ser indivisible de por vida. Pero mis creencias debo exponerlas con convicción, pero NUNCA JAMAS imponerlas.
Por eso el aborto, dentro del conjunto de leyes civiles, debe ser contemplado desde la CIENCIA, el DERECHO, la FILOSOFIA en su ETICA natural, la SOCIOLOGIA y la CULTURA y el PROGRESO de la Humanidad, que es más CIVILIZADO conforme se piensa, se legisla y actúa conforme a la verdad de la misma naturaleza de las cosas que nos lleva a la mayor "realización" y bien de nosotros mismos y de los demás.
Dentro de LA CIENCIA tendremos que ver si el feto desde el primer instante de la fecundación es un ser vivo humano y distinto por diferenciado "per se" de la madre.
Hoy biológicamente es un hecho probado y científicamente "cierto".
Negarlo es ponerse en el filo de fuera de la ciencia.
Desde EL DERECHO deberemos conjugar los sin lugar a duda legítimos derechos de la mujer embarazada, a veces en circunstancias penosas y extremas, los del padre, si la fecundación, aún no buscada, fue consecuencia de un acto consciente y consentido por ambos, es decir un acto plenamente humano y por tanto responsable. Y al ser un acto responsable "de dos", estas caen igualmente sobre los dos.
Y desde luego los del "naciturus" que sin ser persona aún como sujeto de derecho, hasta su nacer, al ser un ser independiente y humano, propietario "per se" de su "propia vida", si los tiene como futura persona que llegará a ser, pues es el hecho de estar vivo, de tener vida, la vida en sí, el origen de todo derecho humano.
Su vida intrauterina, ser vivo humano, está pues protegido en función de su posterior vida extrauterina, ya como persona humana.
Desde la FILOSOFIA y la ETICA NATURAL para fijar los límites en el legislador tiene derecho a "moverse" para que sus leyes sean no sólo éticas sino legítimas, es decir, adecuadas a la verdad, al bien y a la libertad de todos los seres.
La DEMOCRACIA, nos ha tenido que recordar Juan Pablo II, más como profesor de ética que como Papa, por mucha legitimación que le den la mayoría y los votos, no es una categoría suprema y por tanto para que sea verdadera democracia, libere al hombre y le ponga en la línea del progreso debe autolimitarse por la verdad y el bien.
El mandato del pueblo ni es un "cheque en blanco" para que el legislador "haga y deshaga" a su antojo ni siquiera se puede ejercer fuera de sus límites aún con la connivencia y el deseo de esa mayoría.
Otra cosa es falsear la misma democracia y por tanto ir contra el hombre y la sociedad. Y en vez de llevar a la libertad, le esclaviza.
El político depositario de la voluntad popular si ésta le exigiera algo abusivo debe renunciar a esa representación, por ética natural.
Los que magnifican "la democracia" no poniéndole límites y utilizan este argumento para "llevar el agua a su particular molino" so pretexto de que lo quiere el pueblo ( y te abarrotan de encuestas) son los primeros que no pueden admitir que se la utilice para aquello que ellos no admiten.
¿Sería lícito instituir la tiranía, el totalitarismo, la xenofobia, el racismo, la esclavitud, la tortura, la sumisión de la mujer, (ejemplo árabe) el fundamentalismo, etc.. si la mayoría e incluso la totalidad y los propios perjudicados lo apoyaran?
¿Sería lícito aprobar una ley que quitara todos los impuestos, aunque lo apoyara la mayoría, que conculcara los derechos de los más débiles y fuera totalmente insolidaria? Caso posible si la mitad más uno de los votantes viviera "bien", y le importara un comino que la mitad menos uno "se fuera al diablo".
Si la mayoría lo apoyara con encuestas fidedignas los partidos políticos podrían "defender" en sus programas y de llegar al poder "despenalizar" el robo, la violación, el abuso del menor, o el asesinato?
Hasta al más forofo demócrata se le evidencia la inconsistencia y el falsedad de este principio de "ilimitación democrática".
Quede claro el principio y no se difuminen sus contornos al juzgar "casos controvertidos" como la droga, el alcohol, el tabaco, y aún hoy el aborto o la eutanasia.
LA SOCIOLOGIA nos dará cual es la opinión de "la gente" sobre un tema y sus razones de adhesión o rechazo.
Pero "el poder sabe muy bien que HOY "las campañas de prevención", la propaganda instituciolizada o no, pueden hacer variar en un altísimo grado la "opinión general", manipulando y dándole un tinte de democrática encima.
Y aquí va un reto:
RETO a la PRENSA:
Publíquense con toda clase de detalles los fetos vivos desde una a 24 semanas y al lado las fotografías de los "restos" de fetos abortados de los mismos periodos, en esas asépticas bolsas dentro de sus cubos de basura que usan algunas clínicas abortistas. Con certificaciones notariales.
Campaña realista, cruda y desagradable, como pueden serlo escenas de catástrofes, guerras, genocidios, hambres, o accidentes, de la realidad biológica del aborto.
Pónganse en televisión películas como "el grito del silencio" u otras, realidad y verdad filmadas, y esas mismas fotografías.
Y luego entre "los informados" hágase una encuesta tanto de las mujeres embarazadas como de las que no los estén.
Pero este reto no lo acepta ni la prensa ni la televisión, ni lo apoya el Gobierno.
La realidad sociológica basada en la desinformación a veces muy manipulada de hoy cambiaría plenamente.
No se juegue pues con el pueblo, su sensibilidad y sus sentimientos.
y por ultimo LA CULTURA Y EL PROGRESO: sólo hay "progreso" cuando por muy legítimos y apremiantes que sean los derechos de la mujer embarazada, que en ningún momento dudamos que los tenga y grandes, se compaginan plenamente con los del padre y con los del "nasciturus", "ser vivo individualizado y humano", que también los tiene: el elemental a la vida.
Si se conculcan unos u otros ni hay "DERECHO", ni hay "CULTURA", ni hay "PROGRESO".
Y en la duda, para algunos invencible, es del más elemental sentido común, favorecer al más indefenso, y este será siempre el que pierde el mayor "bien", y no hay mayor bien que la propia vida, porque sin ella no tienen sentido ninguno de los otros derechos.
Lúchese con todo rigor por defender, proteger y amparar a la futura madre, pero limitado SIEMPRE por el derecho superior y primigenio a la vida del nasciturus, aunque no sea aún jurídicamente persona humana.
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